Fue miercoles a las doce y cuarto de la noche, la tercera semana en la Escuela Española de Middlebury College.  No podía ni escribir ni estudiar.  Más temprano por la tarde fui a una discusión sobre la migración y el lenguaje.  Estaba pensando en todas las idiomas que existen hoy día.  

Así decidí caminar afuera para un rato corto.  Hacía frio y no podía ver la luna porque había muchas nubes, un recuerdo de toda la lluvia del día anterior.  Solamente podía ver algunas luces en las ventanas del dormitorio de los estudiantes quienes fueron al bar Señor Arriba para probar las cervezas locales.

No tenía una destinación específica.  Caminé sola en silencio.  Necesitaba pensar en una historia de trescientos palabras, alguna interesante leer para mi profesor.  De repente, oí pasos de alguien caminando rápidamente, como sí fuera tarde  por un reunión.  Soy una mujer curiosa, así segé el sonido de los pasos.  Cuando me di cuenta que estaba cerca de la biblioteca, la reconoci la silueta de Profesor Saldivar.  ¿Pero donde fue mi profesor a esta hora?

Me cuidé de no hacer ruido mientras estaba siguiendo a Profesor Saldivar por el sótano de la biblioteca.  Miré con ojos de miope en el paisaje.  No podía creer á mis ojos.  Todos los profesores de la Escuela Española han jugando por dinero: la rouleta, póker, todos los juegos puede imaginar.  La cosa más fantastica era que todos los profesores llevaban ropas tradiciónales de su país de origen.  Había tabaco de Cuba y vino tinto de las mejores regiónes.  Todos los profesores estaban tán enfocados que no me observaron con tanto interés.

Quería jugar póker con mis profesores, pero supe que había descubrido un lugar secreto en el campus de Middlebury.  Si los profesores tendrían otros lugares secretos, espero que vaya a descubrirlosalmente.  Al fin y al cabo los profesores necesitan relajarse también, ¿no?